viernes, 1 de febrero de 2008

Palabra de Neruda


Muere lentamente quien no viaja, quien no lee.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente
quien se transforma en esclavo del hábito repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca, no se atreve a cambiar
el color de su vestimenta
o bien no conversa
con quien no conoce.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee.
Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones, justamente éstas que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones destrozados.

Muere lentamente quien no gira el volante cuando está infeliz con su trabajo,
o su amor, quien no arriesga lo cierto ni lo incierto
para ir atrás de un sueño,
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos...
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!

-Pablo
Neruda (1904-1973)-

jueves, 31 de enero de 2008

Espero que os guste esta historia que he creado:
(Profe de R. Lengua, a ver si te gusta...)

- El nogal de la rivera -
Todos tenemos la necesidad de buscar y encontrar un sitio en el que nos sintamos a gusto con nosotros mismos. Yo encontré ese lugar bajo un viejo nogal pegado a la rivera del río que pasaba por mi pueblo. Era un espectacular árbol que me daba la tranquilidad y el abrigo que andaba buscando desde hace tiempo. Sentado en una piedra que nacía al lado de su tronco, pasaba largas tardes recordando mis vivencias personales y colegiales, llegando a analizar y a valorar en su justa medida cada una de las situaciones vividas. El sonido del agua del río cercano, que corría saltando sobre un lecho de piedras redondeadas por el paso del tiempo, llegaba a mis oídos, causándome tal relajación y despreocupación que muchas días regresaba entrada la noche a mi casa, donde volvía a la cruda realidad.
Esta necesidad de encontrar un sitio como el que anteriormente he narrado, no es una casualidad, ya que tanto mi abuelo como mi padre me contaban en diferentes ocasiones que también ellos tenían su pequeño rincón, donde recordar sus vivencias. Mi abuelo, concretamente, iba a un chozo de pastores situado en el corazón de la sierra que rodea mi pueblo, y mi padre se sentaba en lo alto de un peñón que sobresalía en un cerro próximo. Cada uno de estos lugares ha sido especial para la formación del carácter de los miembros de mi familia.
Tan solo espero, lograr trasmitir a mis hijos los sentimientos que mis progenitores me trasmitieron a mí y que yo, bajo mi viejo nogal, vivo a diario.

miércoles, 30 de enero de 2008

La niña

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

La niña

La niña llegó en el barco de carga. Tenía la naricilla gorda, hinchada, y los ojos de otro color que los suyos. En el pecho le habían puesto una tarjeta que decía: “Sabe hablar algunas palabras en español. Quizá alguien español la quiera”.

La quiso un español y se la llevó a su casa. Tenía mujer y seis hijos, tres nenas y tres niños.

- ¿Y qué sabes decir en español, vamos a ver?

La niña miraba al suelo.

- ¿Ser nice? – Y todos se reían - . Me custa el socolate. – Y todos se burlaban.


La niña cayó enferma. “No tiene nada”, decía el médico. Pero se estaba muriendo. Una madrugada, cuando todos estaban dormidos y algunos roncando, la niña se sintió morir. Y dijo:

- Me muero. ¿Está bien dicho?

Pero nadie la oyó decir eso. Ni ninguna cosa más. Porque al amanecer la encontraron muda, muerta en español.

miércoles, 23 de enero de 2008

Foutaises (Bagatelas, chorradas)

Que disfrutéis del vídeo. Quizá sirva de inspiración este catálogo de los placeres de la vida :

martes, 22 de enero de 2008

El retrato (para Angela)

Cuando despertó, sintió la piel mucho más áspera de lo habitual, como de trapo viejo. También vio un bulto debajo de la ropa, que no se atrevía a identificar con su propio cuerpo.
-Pero doctor- dijo alarmada cuando por fin pudo verse en el espejo- yo quería un aumento de pecho, no de vientre...
-Pero mirá, esta pancita es la última tendencia, ¡Lo del busto está ya tan visto!
-Y sólo quería un retoque en la nariz y no esta...
-¡La trompa! La trompa es lo que precisamente te da un toque regio. ¡Esa trompa tiene clase!
Poco a poco se fue acostumbrando a su nuevo aspecto. ¡Su doctor era tan elocuente! Salió de la clínica y emprendió una nueva vida, más plena, más activa. Ella por su parte se sentía mucho más seductora y feliz.
Cuando despertó de nuevo, ya no vio un bulto bajo las sábanas y eso la alarmó. Al verse en el espejo observó un perfecto busto de quinceañera y una nariz impecable. Sin embargo, sin saber por qué, intuyó que ya jamás iba a sentirse tan plena y feliz. Durante años añoró su tripa, su trompa y su piel de trapo. Una noche, se acostó con aquel viejo retrato entre sus manos.

Asesinato

YO VI MATAR A AQUELLA MUJER

Ramón Gómez de la Serna

En la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer.
El que la mató, le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero.
Yo grité. Vinieron los guardias.
Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos abrió el mismo asesino, al que señalé a los guardias diciendo:
-Éste ha sido.
Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre siquiera.
En la casa no había rastro de nada, y además no había tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.
Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario de luna estaba la muerta, tirada como en la fotografía de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién casada con la muerte…
-Vean ustedes –dije a los guardias-. Vean… El Asesino la ha tirado al espejo, al trasmundo.

Un clásico

Augusto Monterroso

El dinosaurio

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba ahí.


La oveja negra

En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra.
Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

El paraíso imperfecto

-Es cierto -dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.