martes, 22 de enero de 2008

El retrato (para Angela)

Cuando despertó, sintió la piel mucho más áspera de lo habitual, como de trapo viejo. También vio un bulto debajo de la ropa, que no se atrevía a identificar con su propio cuerpo.
-Pero doctor- dijo alarmada cuando por fin pudo verse en el espejo- yo quería un aumento de pecho, no de vientre...
-Pero mirá, esta pancita es la última tendencia, ¡Lo del busto está ya tan visto!
-Y sólo quería un retoque en la nariz y no esta...
-¡La trompa! La trompa es lo que precisamente te da un toque regio. ¡Esa trompa tiene clase!
Poco a poco se fue acostumbrando a su nuevo aspecto. ¡Su doctor era tan elocuente! Salió de la clínica y emprendió una nueva vida, más plena, más activa. Ella por su parte se sentía mucho más seductora y feliz.
Cuando despertó de nuevo, ya no vio un bulto bajo las sábanas y eso la alarmó. Al verse en el espejo observó un perfecto busto de quinceañera y una nariz impecable. Sin embargo, sin saber por qué, intuyó que ya jamás iba a sentirse tan plena y feliz. Durante años añoró su tripa, su trompa y su piel de trapo. Una noche, se acostó con aquel viejo retrato entre sus manos.

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