Cuando despertó, sintió la piel mucho más áspera de lo habitual, como de trapo viejo. También vio un bulto debajo de la ropa, que no se atrevía a identificar con su propio cuerpo.
-Pero doctor- dijo alarmada cuando por fin pudo verse en el espejo- yo quería un aumento de pecho, no de vientre...
-Pero mirá, esta pancita es la última tendencia, ¡Lo del busto está ya tan visto!
-Y sólo quería un retoque en la nariz y no esta...
-¡La trompa! La trompa es lo que precisamente te da un toque regio. ¡Esa trompa tiene clase!
Poco a poco se fue acostumbrando a su nuevo aspecto. ¡Su doctor era tan elocuente! Salió de la clínica y emprendió una nueva vida, más plena, más activa. Ella por su parte se sentía mucho más seductora y feliz.
Cuando despertó de nuevo, ya no vio un bulto bajo las sábanas y eso la alarmó. Al verse en el espejo observó un perfecto busto de quinceañera y una nariz impecable. Sin embargo, sin saber por qué, intuyó que ya jamás iba a sentirse tan plena y feliz. Durante años añoró su tripa, su trompa y su piel de trapo. Una noche, se acostó con aquel viejo retrato entre sus manos.
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