
En la historia que conocemos es la fría y cruel serpiente la que se ha merendado al pobre elefantito. Como castigo por su perversidad, nadie es capaz de ver en ella más que un triste, vil y deforme sombrero. Por fin el tiempo pone a cada uno en su lugar y, aunque no lo veáis, el elefantito se ha comido a la serpiente, la va a digerir rápidamente y, encima, no solo no ha perdido su simpático aspecto sino que tiene una cara de relamerse de gusto... No me extraña, porque el reptil bien enroscado es, tal cual, una ensaimadita.
Mata-hari
Mata-hari


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