Terapia
Pudo imaginar, sin necesidad de mirar el reflejo en el escaparate,las caras de incredulidad y asombro de esas dos mujeres con las que acababa de cruzarse.Una estela de comentarios, precedida de una coreografía de codazos y miradas indiscretas,le perseguía ¡No me lo puedo creer! Sí, que sí es él ¡Qué pena!...
Sí, era él, el mismísimo Dumbo. Atrás quedaba aquel elefante prodigio de mirada tierna y largas orejas capaz de volar cerca de su público. La pubertad acabó con su don y su estrellato. Tuvo que compartir número y pista con los otros elefantes. Cada día que pasaba era más consciente de la
ley de la gravedad, de su peso y de sus movimiento torpes; también de su vida tediosa: de la jaula a la pista; una, otra vuelta, ahora en el otro sentido; un chasquido y a alzarse sobre las patas traseras, como recompensa unos cacahuetes. Dejó de ser astro del circo y comenzaron sus problemas, bulimia, adicción a los cacahuetes con miel...
Quizá acudan a la memoria algunos episodios de su vía crucis; afortunadamente solo trascendió lo que le interesó airear a la prensa cuando era noticia. Los más sórdidos, los que le llevaron a esta ruina, los que le alejaron del circo, muy pocos saben de ellos.
Al cruzar la calle se detuvo ante un escaparate. Tal vez se refugiaba de las miradas curiosas o buscaba algo entre las mercancías expuestas. Contemplaba su rostro con extrañeza, y se repetía mentalmente, igual que un mantra, así se lo aconsejaban en la terapia, frases para reforzar su
autoestima. Recorría cada una de las facciones tratando de encajar cada pieza en su sitio, pero seguía igual de desorientado; sólo pensaba en una solución, la única solución: volver a pactar con el diablo, pero esta vez poco tenía que ofrecerle.
Argiem
1 comentario:
¡Guau! Me ha encantado. Chico, qué habilidad tienes con la tecla. ¡Que endivia me das!
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